En búsqueda de la santidad - Nuestra
Parte
por Richard O'Ffill
¿Recuerdas la matanza masiva de cientos de miles de personas
que ocurrió en África Central en el país de Rwanda? Yo leí en alguna parte de
que se calcula que durante el siglo 20, más de 200 millones de personas
perdieron sus vidas como resultado de decisiones políticas. Estas decisiones
trajeron guerra, masacre, muertes y hambruna. Podríamos pensar que cosas como
éstas nunca ocurrirán en nuestro país. Sin embargo, no se necesita una máquina
rayos-x para ver las roturas que están apareciendo en la propia estructura de
nuestra sociedad. En el pasado estábamos orgullosos de la unión que había en
nuestra nación. Inclusive en la 'juramentación a la bandera' se acostumbra decir:
"una nación bajo los designios de Dios". No obstante, en años recientes,
parecieran haber fuerzas que más bien motivan e inclusive institucionalizan la
desunión. Acostumbrábamos llamarnos americanos. Ahora hablamos de nosotros como
los asiáticos-americanos, los latino-americanos, los afro-americanos, los
nativo-americanos, etc.
Tu y yo quizás podamos decir: "¿qué diferencia hace? ¿Por qué
no podemos simplemente vivir y dejar vivir?" Eso sería maravilloso si fuera
posible. En el reino de los cielos es posible hacerlo; pero en el reino del
pecado, es imposible. La verdad es, que un corazón que no ha sido transformado
por el Espíritu Santo no puede ni quiere "vivir y dejar vivir". El orgullo, el
egoísmo, la avaricia, la concupiscencia, la amargura y el odio nunca ganarán el
'Premio Anual del Buen Vecino'.
Podemos ver que si el diablo se le deja aquí sin restricción,
y si el corazón humano en su estado natural (el cual está en la misma onda) no
ha tenido una transformación, este planeta sería un virtual infierno sobre la
tierra. No necesito decirles, que lamentablemente vamos en esa dirección. El
Libro de Apocalipsis menciona, que cuando Jesús venga, ÉL vendrá para destruir a
aquellos que destruyen la tierra.
En estos días han sido promulgadas ciertas leyes para
proteger el entorno. Es increíble, pero en el siglo 21, se preocupan más por
cuidar a los búhos, ballenas, pantanos (ciénagas), etc. que de proteger a las
familias y sus casas. Por cierto, yo estoy a favor de proteger el hábitat, pero
también pienso que debemos tener mucho cuidado de no convertir a nuestro entorno
en un culto. Recordemos que los humanos tenemos un instinto natural de adorar a
la naturaleza, en vez de darle la adoración al Dios de la naturaleza. De hecho
existen hoy en día movimientos protectores del ambiente, que probablemente
provengan del panteísmo hinduista. Y el panteísmo, como sabemos, considera a la
misma naturaleza como si fuera un dios. Debemos ser muy cuidadosos de no ser
utilizados por intereses especiales que promuevan esta filosofía.
Vivimos en una sociedad que enjuicia a criminales que hayan
torturado o raptado niños pequeños; pero esta misma sociedad protege los
derechos de un editor que publica y distribuye la pornografía y libros o
revistas pervertidos que inspiraron al criminal a cometer el crimen. Hace poco
tiempo, hablaba con un hombre quien era el bibliotecario de una prisión. Me
comentó que la ley requería de él que debía pedir para la biblioteca de la
prisión todo libro que le solicitaran los presos; y que los prisioneros
constantemente le pedían las peores y más inmorales publicaciones que una mente
humana pueda crear y editar. Yo creo que simplemente no soy lo suficientemente
inteligente como para entender ésto. Nuestra comunidad tiene restricciones de
cómo tratar las aguas residuales. Hay normas que determinan la garantía del agua
potable. Hay reglas de cómo manipular y almacenar los alimentos. Hay leyes
estrictas que gobiernan el almacenaje y transporte de venenos y materiales
radioactivos. Aquellos que no cumplen con estas leyes, deben pagar multas muy
altas. Inclusive corren peligro de cárcel.
Aún suponiendo que no soy muy inteligente, no logro entender
el porqué no deba haber leyes estrictas para regular, e inclusive prohibir, la
producción, transporte y venta de literatura tan obscena e inmoral. Y peor aún,
opinan que ésto sería ir en contra de la libertad y los derechos humanos.
Nosotros sabemos que algún día nos quitarán la libertad de adorar en este país;
y para tratar de evitar ésto, nos hemos defendido diciendo que no se puede
tratar de legislar la moral. Quizás Ud. no esté de acuerdo conmigo, pero estoy
convencido que lo que estamos haciendo es peor que 'botar el agua de la bañera
junto con el bebé', por así decirlo (es como darle demasiado importancia a
pormenores, y olvidarnos de lo que es realmente más importante). Y opino que és
así, por la simple razón de que una persona puede ser moral, sin ser religiosa.
Puede ser que esté en desacuerdo conmigo, pero creo que los
últimos seis mandamientos no son, en lo que se refiere a su aplicación práctica,
la relación de las personas con Dios. Sino más bien, la relación con los demás
seres humanos. Desde un comienzo, en todas las sociedades, los principios
encontrados en los últimos seis mandamientos han sido la base de las leyes que
gobernaban a esas sociedades, ya sea a las paganos, infieles, ateos o Cristianos.
No entiendo entonces, cómo los últimos seis mandamientos han sido etiquetados en
muchas mentes, como si fueran leyes religiosas. Es decir, cómo el "no robarás" y
el "no matarás" puedan ser leyes religiosas. Más bien son leyes protectoras de
nuestras vidas y nuestras propiedades.
Por favor entiéndanme bien, yo no estoy a favor de la oración
compulsiva en las escuelas públicas, sin embargo, estoy convencido de que el
curriculum de cualquier colegio que no incluya la enseñanza de principios de los
últimos seis mandamientos, resultará siendo deshumanizante para nuestros hijos,
y los pondrá en un nivel de vida más bajo. Me parece que no es contradictorio
ser un campeón en libertad religiosa y también un campeón en moralidad del
comportamiento humano. Debemos defender la libertad religiosa, pero a lo largo
de la vida, también debemos defender la libertad de la mujer y de nuestros niños
de poder moverse dentro de la sociedad sin ser agredidos o secuestrados (o
plagiados).
Estoy convencido de que es importante reconocer y
conscientizar de que el diablo no sólo está trabajando con respecto a los
Derechos Religiosos, sino también con la negación de Dios y la humanística, que
son elementos paganos de la sociedad. No creo que tengamos que ponernos los unos
contra los otros, como los izquierdistas contra los derechistas. Lo que pienso,
es que debemos estar muy conscientes de que hay fuerzas poderosas de ambos lados,
y que de hecho, los de la izquierda y los de la derecha están trabajando juntos
sin saberlo. Juntos, completarán la agenda del diablo en este planeta. Nosotros
creemos que las fuerzas de la derecha nos quitarán finalmente la libertad
religiosa. Pero debemos también entender que fuerzas de la izquierda, en caso de
ser izquierdistas liberales, convertirán este planeta en una anarquía moralista
donde los hombres levantarán las manos contra sus hermanos, y cada quien hará lo
que considere correcto según su opinión personal. ¡Por ello es muy importante
estar alertas de que el enemigo estará tanto a nuestra derecha como a la
izquierda, al igual que al frente y detrás de nosotros! Debemos estar
conscientes de que los derechos de los homosexuales y de las organizaciones
feministas militantes son una amenaza a nuestra fundamental calidad de vida. Yo
considero que la anarquía es una amenaza tan peligrosa contra la vida, la
libertad y la búsqueda de la felicidad, como lo es la tiranía. Amigos, es por
esta razón que la Segunda Venida de Jesús es lo único que nos puede salvar ahora.
Así será cuándo alcemos nuestra vista y digamos: "Señor, Tú eres nuestro Dios,
hemos esperado por TI y ÉL nos salvará."
En 1ª de Pedro 1:15 y 16, las Escrituras dicen así: ..."sino
que así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra conducta. Pues escrito está: "Sed santos, porque yo soy santo". Para
mucha gente, hablar de santidad es percibido como el sinónimo de: usar el
cabello recogido en un moño, usar faldas largas, medias negras y comer comida
cruda. El hecho, es que santidad es salvación. Santo es lo que Dios es, y
santidad es lo que ÉL quiere darle a SUS hijos. Santidad es una palabra usada
más de 600 veces en la Biblia.
Este sermón habla de la parte que nos corresponde a nosotros
para alcanzar o buscar la santidad. Hay muchos hermanos sinceros que desean
vivir una vida santa, o que han tratado de vivirla, pero se rindieron. Y a estas
alturas, piensan que es imposible lograrlo. Inclusive trataron de aplicar
ciertos principios. Estudian mucho e inclusive asisten a seminarios. Ésto de
hecho funciona por un tiempo, crea un aparente reavivamiento espiritual, pero
luego algo ocurre y las cosas vuelven a la rutina. Por cierto, uno de los puntos
en los cuales las personas se frustran al tratar de vivir una vida santa, es en
el área de la dieta. Escuché una vez, que una persona leyó en el Espíritu de
Profecía de que comemos demasiado, y por ello comenzó a comer menos. ¡Cada vez
que leía esta cita, se convencía de nuevo, de que todavía están comiendo
demasiado, hasta que no alcance a estar en el hueso!
En nuestra carrera por vivir una vida santa, debemos entender
que aunque la vivamos y ésto seguramente impactará nuestra dieta, es mucho más
que sólo una manera de alimentarnos. La vida santa es una vida balanceada. El
texto dice que debemos glorificar a Dios, y no sólo en nuestra manera de comer y
beber, sino en todo lo que hagamos. Tu y yo algún día debemos aprender de que la
santidad no significa enfatizar 'una' verdad a expensas de todo el resto. La
verdadera santidad no nos lleva a extremos ni fanatismos. Sería un pecado si nos
volvemos fanáticos y extremistas. El pecado nos hace desequilibrados. Nos lleva
a la tendencia de irnos a lados extremos aún en las cosas buenas. Yo le ruego a
Dios para que me guíe por el centro del camino, y no me refiero entre el bien y
el mal, sino por el medio del camino correcto.
Mucha gente desea alcanzar la santidad, pero pareciera que no
logran alcanzarla. Por ello se frustran y se convierten en los principales
candidatos propicios a pensar: "deja fluir tu ser y deja a Dios". ¿Has escuchado
esa expresión, verdad? Las personas que se frustran y desaniman, al oír esa
frase, dicen: "¡éstas son buenas noticias!" Y se sobre-exaltan muchísimo cuando
se les dice que Jesús ya lo ha hecho todo, y que sólo necesitan descansar en ÉL.
La gente se emocionan tanto, como si estuvieran escuchando el Mensaje por
primera vez. Quizás hasta alguno de nosotros haya pasado por esa experiencia ya.
Pero después de un tiempo, si somos realmente honestos con nosotros mismos,
conscientizamos de que estamos siendo vencidos por nuestra naturaleza pecaminosa.
La victoria de Cristo, la cual ganó para todos nosotros, pareciera que no la
hemos sabido digerir o integrar en nuestras vidas. Todavía se apodera de
nosotros el orgullo, la envidia, el materialismo, la impaciencia y la codicia.
Aún comemos demasiado, criticamos a los demás, no decimos la verdad, no nos
llevamos bien con nuestros esposos, tenemos fantasías impropias, y nos odiamos a
nosotros mismos.
Cuando tu matrimonio está a punto de romperse, o uno de tus
hijos está tomando drogas, o simplemente perdiste tu empleo, ¿qué beneficio nos
trae escuchar al predicador decir de que no necesitamos preocuparnos pues Jesús
lo ha hecho todo? Es como si alguien nos dijera que limpió nuestra casa, y
resulta que al regresar al hogar te encuentras que todo está más desordenado y
patas arriba que nunca. O, como si te hubieran dicho que alguien pagó todas tus
cuentas pendientes, y al ir a buscar tu carro te das cuenta de que el banco ha
mandado a recoger el carro que compraste a crédito. "Dejar fluir tu ser y dejar
a Dios" nos puede desviar completamente del Señor, si no estamos afianzados de
que Dios nos ha llamado a vivir una vida santa, lo cual es posible solamente a
través de Jesús. Y ÉL nos ha llamado a asumir ciertas responsabilidades bien
definidas.
Un texto que ha sido mal usado mucho hoy en día, es aquel que
dice: "Cree en Dios Cristo Jesús y serás salvo". Otros se apresuran a usar el
texto que dice que si confesamos con nuestros labios de que Jesús es el Señor,
ÉL nos salvará. Yo sospecho que muchos de nosotros no sabemos lo que significa "Señor".
Pero la gente en la época de la Biblia sí sabía. Cuando confesamos a Cristo, y
le llamamos "Señor", significa que estamos conscientemente entregando nuestra
completa existencia a ÉL y a SU voluntad. Para confesar que Jesús es el Señor, y
para creer en Jesús, requiere que reconozcamos que fuimos crucificados en la
cruz junto con ÉL. Esto es lo que conlleva a que en nuestras vidas ya no domine
el pecado. Una persona que realmente confiese a Jesús como Señor y crea en ÉL
tendrá un nuevo nacimiento. La vida pasada es crucificada con Cristo. Una
persona que realmente crea en Jesús odiará cada vez más el pecado, y sentirá
cada vez más hambre y sed de justicia. Sus vidas manifestarán más y más el fruto
del Espíritu, el cual es: amor, gozo, paz, benignidad, bondad, mansedumbre, fe,
humildad y temperancia o autocontrol.
Una persona que haya muerto en Cristo tiene una actitud
totalmente diferente hacia el pecado. Esa persona no justifica ni racionaliza el
pecado, pero tampoco lo ve como una condición sin esperanza. Aquellos que
caminan por fe y van a la cruz de Cristo, experimentan directamente lo que
significa: "confesamos nuestros pecados, y ÉL es fiel y justo para perdonarnos
nuestros pecados". Ellos saben lo que significa ser perdonados, pero a su vez
experimentan cada día la mejor parte de todo, y ésto es, ser limpiados de toda
injusticia.
Tu puedes saberlo si estás o no viviendo una vida santa, no
por lo que comes o no comes, sino porque conscientizas de que estás de veras
arrepentido por tus actitudes pecaminosas, y sobre todo, porque quieres hacer la
voluntad de Dios. La Biblia llama a ésto tener hambre y sed por la justicia.
Cuando ésto nos suceda, entonces Dios estará verdaderamente trabajando en
nosotros, tanto para desear como para hacer según a ÉL le place.
Romanos 6, versículos 1 al 6 nos dicen que estamos muertos al
pecado porque somos crucificados junto con Cristo. Ahora, escucha bien lo que
voy a decir, ya que es extremadamente importante. Cuando las Escrituras dicen
que estamos muertos al pecado y crucificados junto con Cristo, no es en el
sentido de que quedamos exentos de la influencia y presencia del pecado. Ésto no
es el caso para los que estamos vivos. El hecho es, que ser crucificado en
Cristo obviamente no significa de que estamos muertos físicamente. Y a pesar de
que la guerra contra el pecado a sido ganada en la cruz, mientras vivamos, el
pecado será un problema para nosotros. El pecado recurre a un tipo de batalla en
nuestras vidas. A pesar de tener una vida nueva en Cristo, el pecado sigue
rondando y nos atacará cuando menos lo esperamos, igual que un francotirador o
un terrorista. Inclusive en los Cristianos nacidos de nuevo, la batalla contra
el pecado continúa. Romanos 7 nos dice que una naturaleza pecaminosa sigue
residiendo en nosotros. Creo que no necesito decirles que esa naturaleza ejerce
un tremendo poder, y está todo el tiempo buscando destruir nuestra conversión en
Cristo.
Gálatas 5:17 dice: "Porque la carne desea contra el Espíritu,
y el Espíritu contra la carne. Los dos se oponen entre sí, para que no hagáis lo
que quisierais." Este texto en Gálatas, junto con Romanos, capítulo 7, y una
cantidad de otros versículos, nos hacen ver claramente que volvernos Cristianos
no significa estar fuera de la batalla en contra del pecado. Y es por eso, que
cuando nos volvemos serios sobre este asunto, las cosas se pueden poner peores,
en lo que concierne a la lucha contra el pecado. Esto ocurre no solamente porque
estamos en una guerra contra el diablo, sino también en contra de nuestra
naturaleza. Usualmente hacíamos lo que era natural para nosotros y lo
disfrutábamos. Inclusive teníamos una excusa para ello. En cambio ahora, al ver
nuestro yo como és, - el egoísmo, orgullo, codicia, amargura y falta de
autocontrol - nos hacen exclamar: "¡oh, desdichada persona que soy yo!"
La realidad nos muestra a todos de que somos pecadores
expertos. No sólo tenemos la tendencia natural a pecar, sino que el pecado
también establece la manera de nosotros pensar. Las Escrituras dicen: "hay
caminos que parecen derechos al hombre, pero son caminos de muerte." En otra
parte dice: "Mis caminos no son tus caminos, y mis pensamientos no son tus
pensamientos." Por lo tanto, aunque nazcamos de nuevo y comencemos una nueva
vida en el Espíritu, tendremos la tendencia a continuar con los hábitos
pecaminosos al pensar y al actuar, así como los hemos practicado por tanto
tiempo. ¿Cómo podemos entonces sobrevivir a la realidad de nuestra propia
tendencia a pecar?
Escuchen bien ahora, Romanos 6:11 dice: "Así también vosotros,
consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús." Considerar
es una palabra que tiene que ver con la voluntad. No podemos decir demasiado
sobre el rol de la voluntad en la vida cristiana. Y claro, tampoco somos salvos
por el poder de la voluntad, sino por el poder de Dios. Pero sin ejercitar la
voluntad no podemos ser salvos. La voluntad crecerá en la medida que permitamos
que Dios obre en nosotros. Una persona que viene a Cristo para ser salva, deberá
escoger que ÉL obre. Claro que tenemos una parte de responsabilidad en el logro
de la santidad - y es: resistirnos a actuar según nuestro impulso natural. A
pesar de tener una vida nueva en Cristo, aún tenemos a un enemigo quien nos
lanzará devuelta al pecado si no resistimos. Dentro de todo, es con el enemigo
con quien tenemos que debatirnos contínuamente. Hemos sido instruidos en las
Escrituras, que tenemos que lidiar con ello mediante el reconocimiento de estar
muertos para el pecado.
En Romanos 7:21 dice: "Así, encuentro esta ley: Aunque quiero
hacer el bien, el mal está en mí." ¡¿No es ésto acaso verdad?! Me encantaría que
pudiéramos tener una "escapatoria". Me gustaría que hubiera algún texto
escondido, o encontrarle la vuelta a este asunto, o un botón que se pudiera
apretar e hiciera que desaparecieran todas nuestras tentaciones y borrara todos
nuestros malos hábitos y propensiones al mal que están en nuestras mentes.
Muchos piensan que cuando uno va a Cristo, nuestros problemas terminarán, y que
nuestras luchas serán cosas del pasado. Sin embargo, ésta no es la manera en que
funciona. Ahora puedo reconocer que hay muchos que sienten que la experiencia
que Pablo describe en Romanos 7 es su experiencia antes de su conversión; pero
si somos honestos, nos daremos cuenta que no es así. Mientras más rápido
aceptemos la realidad y nos demos cuenta de lo que está sucediendo, mejor
estaremos equipados para lidiar con ello. Mientras más nos alejemos del pecado,
menos nos afectarán sus efectos.
Cuando comprendamos la pecaminosidad que está en todos
nosotros, pararemos de negarlo, y comenzaremos a odiarlo y a luchar contra él.
Aunque un Cristiano siga teniendo la propensión al pecado, al nacer de nuevo, el
Espíritu Santo nos dará un deseo prevaleciente por ser santos. Mientras que
antes preferíamos pecar, ahora preferimos tener la victoria sobre el pecado, y
estaremos hambrientos y sedientos por la justicia. Ansiaremos vivir una vida de
santidad.
En 1ª de Juan 3:9 las Escrituras nos dicen: "Todo el que ha
nacido de Dios, no sigue pecando, porque la vida de Dios está en él. No puede
seguir pecando, porque ha nacido de Dios." La diferencia entre una persona que
ha nacido de nuevo y la que no, es que la primera lucha contra el pecado,
mientras que a la segunda le gusta ser como és. Me gusta lo que alguien me dijo
una vez sobre ser Cristiano: "mientras sepamos más y más sobre nosotros mismos,
como Pablo dijo en Romanos 7, y mientras más conozcamos al Espíritu Santo y a
Cristo, peor veremos nuestra imagen, y mayor veremos la maravillosa imagen de
Jesús."
La Palabra dice que en nuestro ser natural no existe nada
bueno. "En mi (es decir, en mi persona natural), nada bueno hay," pero ésto no
necesita dejarnos frustrados o abandonados, puesto que en otro sitio dice:
"Cristo en tí es la esperanza de Gloria." Quizás no suene como una buena terapia
sicológica moderna, pero el trabajo del Espíritu Santo es colocarnos en un
estado de sentimiento de culpa. Pero también nos muestra la justicia de Cristo
como la solución para nuestra culpa. Pero el hecho de que Jesús ganó la victoria
sobre el pecado en la cruz, no significa que no tengamos que pelear contra el
pecado.
¿Tenemos entonces una parte de responsabilidad para alcanzar
la santidad? ¡Claro que sí! Definitivamente pienso que es mejor no decir: "deja
fluir tu ser y deja a Dios", sino más bien sería mucho más práctico decir:
"¡Deja a Dios obrar en tí y tendrás una mejor vida!" El llamado para nosotros no
es dejar a Dios, sino involucrarnos con ÉL. ¡Alejarnos de Jesús es caer! Las
Escrituras enseñan que la vida Cristiana es una carrera, una lucha, una batalla,
y como un juego forzado. ¡Estas palabras no son de alguien que ha dejado ir o se
ha soltado de Dios, sino más bien alguien que (como Jacob) ha luchado con un
ángel y no lo dejaría ir! Somos llamados a reconocernos como muertos en Cristo y
vivir la nueva vida de su resurrección. Ésto, damas y caballeros, en pocas
palabras, es todo en relación a la voluntad. Debemos estar contínuamente en el
proceso de preguntar, buscar y tocar si queremos que la salvación sea efectiva
en nuestras vidas. Debemos resistir a la carne y al diablo, y someternos a Jesús
y a la influencia del Espíritu Santo.
¿Cuál será el resultado de todo ésto? 1) Santidad, 2)
victoria sobre el pecado, 3) el fruto del Espíritu. Nuestro Santo y Perfecto
Dios nunca nos dejará. Aquel que comenzó la obra en nosotros la terminará. El
pecado ya no tendrá dominio sobre nosotros. Olvidándonos de aquello que quedó
atrás, nosotros, habiendo sido resucitados en Cristo, corremos hacia la meta del
llamado de Dios en Cristo Jesús. Mayor es el ideal que Dios tiene para sus hijos,
que el mayor de los pensamientos humanos que pueda haber. La devoción y la
santidad son la meta a ser alcanzada.
En una parte de las Escrituras dice: "tu no has resistido
hasta verter sangre en la pelea contra el pecado." Si queremos someternos al
poder de Dios, ÉL apartará el pecado y nos dará una vida de santidad. Nuestra
voluntad deberá resistirse contra el impulso de resistirnos contra la obra del
Espíritu Santo, y deberemos ejercitar la voluntad para así permitir que ÉL pueda
obrar en nuestro ser.