Preparando Gente Santa para encontrarse con un Dios Santo
 

 
Como obtener respuesta a la oración
por Richard O'Ffill

(El siguiente es un capítulo del libro "La Oración, Fuente de Poder Inagotable")

Se ha escrito mucho acerca de admirables respuestas a la oración. Sin embargo, si alguien tuviera que escribir libros acerca de las oraciones que no han sido contestadas, ¡llenaría bibliotecas enteras! No lo estoy diciendo con sarcasmo ni tengo el propósito de debilitar la fe en la oración. Pero para la gente en general, la oración parece ser una pérdida de tiempo. Cuando alguien tiene un problema que lo induce a querer orar, por cierto que orará, pero al mismo tiempo tendrá listo el "Plan B", en caso de que no suceda nada, como de costumbre.

No extraña, entonces, que para muchos la oración se haya convertido en "Lo mismo de ayer" o en "Excusame Señor, pero olvide lo que estaba diciendo". Pareciera que Dios nunca contesta nuestras oraciones, y cuando lo hace causa la impresión de decir siempre "No".

Hay otras personas que adoptan un punto de vista más optimista. Dicen que Dios contesta todas sus oraciones. Sin embargo, cuando se les pregunta qué les está diciendo Dios, contestan, "No", "Espera", "Ponte en fila" o "Número equivocado". Por alguna razón eso no les desanima.

Jesús habló mas sobre cómo se debe orar que sobre cómo se debe predicar. Cuando se repasan todos los comentarios que hizo acerca de la oración, es imposible no obtener la clara impresión de que el suplicante recibirá todo lo que pida en oración. Lamentablemente la experiencia demuestra que no es eso lo que sucede regularmente. Tal vez podría decirse que si en realidad Dios contesta siempre las oraciones, nueve de cada diez veces causa la impresión de decir "No".

Eso no preocupa a algunas personas. A mí sí me preocupa. No puedo imaginar que Jesús se haya tomado el trabajo de instarnos a orar sólo para negarnos lo que le pedimos. Eso carece de sentido para mí.

Otras personas dicen que ya han descubierto cuál es el problema. Afirman que si alguien ora y no sucede nada, se debe a que no lo hizo con suficiente fe. Esto hace suponer que la fe es un atributo independiente y que si el creyente logra reunir suficiente de lo que eso sea, Dios tendrá que acceder a cualquiera cosa que pida. No me siento cómodo con esa explicación del problema ni con la teoría de las respuestas negativas. ¿Qué hacer, entonces?

He pensado y estudiado mucho acerca de este dilema, de modo que compartiré con el lector algunas de las conclusiones a que he llegado. Para facilitar la compresión de lo que expondré, primero presentaré cierta información sobre mi persona. Mi esposa Betty y yo tenemos cuatro hijos, todos casados. De modo que disfrutamos la satisfacción de tener nietos.

Betty y yo nos casamos en 1960. El hecho de habernos casado en el primer año de una nueva década facilita calcular en cualquier momento cuántos años hemos estado unidos. Tal vez usted se pregunte qué relación tiene eso con el tema de la oración.

Aunque no crea lo que estoy a punto de exponer, de todos modos lo haré. Cuando pido un favor a Betty, nueve de cada diez veces contesta "Sí". ¡Esto es absolutamente cierto! Es posible que alguien piense que soy un esposo duro y exigente. Pero quien lo desee puede escribir a mi esposa para que le informe acerca de mí. Ella verificará que no lo soy. Lo que interesa es que mientras parece que Dios contesta "No" nueve veces de cada diez cuando le pedimos un favor, Betty dice "Sí" nueve veces de cada diez.

Al pensar en esto tuve la impresión de que estaba sobre la pista de algo importante. Nadie podría decir que Betty me ama más que Dios. Comencé a pensar que si pudiera aclarar esto podría dilucidar el gran interrogante y comprender por qué mis oraciones permanecían sin contestar.

Ya dije cuánto tiempo hace que estamos casados. Cuando uno ha vivido muchos años con una persona, llega a conocerla bastante bien. Al analizar este hecho llegué a la conclusión de que antes de pedir a Betty un favor, ya sé con relativa exactitud cuál será su respuesta. Cuando se me ocurre pedirle algo que ya sé que no le agrada, ¿sabe lo que hago? ¡Pues, no se lo pido!

Usted podría decir que eso es engañar. Pero no lo es. Sólo es actuar con inteligencia. Imagine lo que sería nuestro matrimonio si nueve veces de cada diez que le pido un favor a mi esposa, o viceversa, la respuesta fuera negativa. No necesito decir cuán caótica sería nuestra vida conyugal en este momento.

¿Causa asombro, entonces, que la oración sea con frecuencia para muchas personas un callejón sin salida y que enturbie su relación con Dios? La oración es el punto de intersección de nuestra vida con la de Dios. Por esta razón necesitamos aprender a orar en la forma como Jesús nos enseñó, porque en caso contrario no podremos crecer "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (Ped. 3:18).

Efectuemos ahora un análisis de esta situación. El título de este capítulo es "Cómo obtener respuesta a la oración". ¿Cuál es el secreto de la oración que recibe una respuesta positiva? Es el mismo secreto que hace que su esposa conteste "Sí" cuando usted le pide un favor. Es necesario que conozcamos a Dios.

Aquí es donde las cosas comienzan a complicarse. Alguien puede decir: "Pero si es fácil conocer a nuestro cónyuge. Vivimos juntos, podemos verlo y tocarlo y platicar con él. ¿Pero cómo podría una persona conocer a Dios? Es invisible".

¡Espere un momento y no se desanime! Estamos en la pista de un concepto prometedor. Sigamos adelante.

Jesús no nos ha dejado abandonados a nuestro propio arbitrio en este asunto de tanta trascendencia. Pronto armaremos el rompecabezas y todas las piezas caerán en su lugar.

La respuesta a todos estos interrogantes la encontramos en Mateo 6. Le sugerimos que lea todo el capítulo. Reconocerá de inmediato que el tema es la oración. Ahí esta el Padrenuestro, y también el secreto de como obtener respuesta a la oración, como veremos próximamente.

Por si no tiene su Biblia a mano, incluiré algunos pasajes de este capítulo. Mateo 6:26:33 dice:

"Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, no recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho mas que ellas?"

"Y quien de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo (50 centímetros)?"

"Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su Gloria se vistió así como uno de ellos."

"Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, no hará mucho mas a vosotros, hombres de poca fe?"

"No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas."

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas."

Estimado lector, lo que realmente descubrimos en estos versículos es a ¡Jesús en el acto de fijar prioridades para nuestras oraciones!

Notemos lo que dice: "No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?"

Ahora quisiera hacerle una pregunta muy personal. Piense por un momento en los asuntos por los cuales ora. Sea honrado consigo mismo. Si es como la mayoría de nosotros, es probable que este orando por lo que Jesús dijo que no debiéramos afanarnos. Tendemos a enfocar nuestras oraciones en lo que llamamos "la carne y sus grupos de apoyo". Jesús dice que no debemos preocuparnos por las cosas materiales de nuestra vida; pero en realidad esto es exactamente lo que la mayor parte de nosotros hacemos. Nueve veces de cada diez son los aspectos materiales de la vida los motivos de nuestras oraciones. ¿Lo ve ahora? No es que Dios no se preocupe de si tenemos comida, ropa y un lugar para vivir. Habrá notado que dice: "Pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis ncesidad de todas estas cosas."

En general, lo que Jesús dice que debiera ser nuestra prioridad la oración usualmente no lo es. Jesús nos insta a que busquemos esto más que por cualquier otra cosa.

Comprendo que esto suele presentar ciertos problemas, porque el reino de los cielos y su justicia puede tener visos místicos. No causa la impresión de ser una oración práctica.

Pero no se preocupe, porque Jesús no nos deja en la incertidumbre. Él explica lo que es el reino de los cielos, y también lo que no es. Lea con atención el pasaje que sigue. Primero muestra lo que el reino de Dios no es, y luego lo que es: "Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rom. 14:17).

Recuerde que Jesús nos dijo que no debemos preocuparnos por las cosas materiales, sino por las que tienen que ver con el reino de los cielos. Este pasaje de Romanos muestra con claridad que el reino de los cielos no se encuentra en la comida, en la bebida o en otras cosas materiales de nuestras vidas.

Si quiere ver hasta dónde hemos llegado en el hábito de orar por lo que Jesús nos dijo que no debía preocuparnos, procure recordar cual ha sido el tema principal de sus últimas diez oraciones. Si usted es como la mayoría, verá de inmediato que la mayor parte de sus oraciones tiende a ser exactamente una preocupación por aquellas cosas por las cuales no debemos afanarnos. ¿No es eso incredible?

Jesus nos insta a buscar primero el reino de Dios y su justicia. El pasaje de Romanos que vimos declara que el reino de los cielos es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. En otras palabras, el secreto de como obtener respuesta a la oración no consiste en orar para recibir sino para ser. Cuando comprendí este asunto efectué un cambio total en mi vida de oración.

Veamos los siguientes pensamientos vertidos en el libro Mensajes para los Jóvenes, pags. 249,250:

"La oración es el aliento del alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo, la salud del alma. La oración pone el corazón en inmediato contacto con la fuente de la vida y fortalece los tendones y músculos de la experiencia religiosa."

"Descuídese el ejercicio de la oración, u órese espasmódicamente, de vez en cuando, según parezca propio, y se perderá la relación con Dios. Las facultades espirituales perderán su vitalidad, la experiencia religiosa carecerá de salud y vigor."

Ahí lo tiene. La oración es el aliento del alma. Si comparamos la oración con el proceso de la respiración comprenderemos mejor su importancia. No respiramos para recibir, sino para ser. De modo que Jesús nos está mostrando que nuestra prioridad en la oración es buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y que el reino de Dios es amor, gozo y paz. En otras palabras, se refiere a lo que somos y no a lo que poseemos. La oración es el aliento del alma en el sentido de que es el proceso por el cual buscamos constantemente ser la clase de personas que Dios quiere que seamos.

Cuando se presenta esta idea, algunos responden que no sólo oran para recibir, sino también oran por sus hijos y su familia. Mi esposa, Betty y yo hacemos lo mismo.

Le ruego que tenga paciencia con lo que viene. No cierre el libro movido por la frustración cuando lea el pensamiento que sigue. En cambio, reflexione cuidadosamente sobre su contenido, y estoy seguro de que percibirá la verdad en él.

Cuando la mayor parte de nosotros no estamos orando acerca de "la carne y sus grupos de apoyo", oramos para que Dios cambie a todos los demás. Esta usted siguiendo mi razonamiento? Una persona puede estar diciendo: Oh, Señor, te ruego que cambies a mi esposa; si lo haces, no seré tan malo con ella." Por cierto que no decimos eso exactamente, pero la implicación es que el trato que le doy a alguien es el mismo trato que esa persona me da a mí, y que si el Señor cambia su manera de ser entonces yo podré tratarla en la forma debida. Es como si una madre orara: "Señor, mis hijos me enloquecen; ayúdales a ser buenos hijos para que yo deje de gritarles tanto."

Alguien ha dicho acertadamente que la vida es 10% lo que nos acontece, y 90% de cómo reaccionamos ante ello. Sin embargo, parece que la mayor parte de nosotros pedimos en nuestras oraciones que Dios cambie las circunstancias que nos rodean y no la forma como reaccionamos frente a ellas.

Es posible que usted piense: "Pero usted no conoce a mi esposa ni a mis hijos. ¡Necesito cambiarlos por otros?" Desea realmente tener una nueva familia? Entonces, ore a Dios para que lo cambia a usted y de ese modo también tendrá una nueva esposa y nuevos hijos. No debemos olvidar que otras personas reaccionan a nuestra manera de ser, lo mismo como nosotros reaccionamos a la manera de ser de ellos. Un día alguien me preguntó si orar por uno mismo era orar en forma egoísta. Contesté que eso dependía del contenido de la oración que hacíamos en nuestro propio favor. Si oramos para enriquecernos y hacernos poderosos, o para ser bellas o bien parecidos, estoy de acuerdo con que eso sería orar egoístamente. Pero si estamos orando al Señor para que perdone nuestro egoísmo, orgullo, resentimiento, concupiscencia e intemperancia, y para que en su lugar nos conceda los frutos del Espíritu, que son amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre y dominio propio, entonces no se trata de una oración egoísta, sino de establecer prioridades para nuestra oración, tal como Jesús no pidió que hicieramos. Eso es lo que quiso decir cuando nos instó a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia.

Desde que commence a considerar la oración como algo que hago para ser y no para recibir, he cambiado drásticamente mi manera de ver la vida. Sucede que una persona que ora para hacerse rica puede pensar que Dios no la ama si por alguna razón pasa por tiempos económicamente difíciles. Del mismo modo, alguien que ora para ser promovido en su trabajo puede sentirse rechazado por Dios y los hombres si no lo toman en cuenta cuando se produce una oportunidad de promoción. En contraste, una persona que busca primero el reino de Dios y su justicia, puede comprender perfectamente el significado del pasaje de Romanos 8:28, aquí dice: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

Además, si alguien no tiene claras sus prioridades referents a la oración, puede encontrarse, sin proponérselo, orando por dos asuntos opuestos a la vez. Es posible hacer dos pedidos a Dios y descubrir que uno de ellos es una contradicción del otro. Explicaré mi punto de vista.

Ha orado usted a Dios pidiéndole que le ayude a ser paciente? ¿Ha pensado en el plan de acción que Dios utilizará para contestar su oración?

Dígame: ¿Quién es la persona impaciente? ¿Será con más frecuencia la que está acostumbrada a salirse con la suya o la que ha aprendido a vivir con frustraciones? La respuesta es evidente. Si oramos por un lado para solicitar que todo nos salga a pedir de boca, y a continuación rogamos a Dios que nos conceda paciencia, entonces hemos neutralizado ambas oraciones. ¿Comprende lo que digo? Podríamos decir que es como orar por los dos lados de la boca.

¿Ha orado alguna vez al Señor que lo haga humilde? Es major que esté preparado para encontrar dificultades si hace esa oración, y es major que sus intenciones sean sinceras. El plan de acción para la humildad incluye sufrir humillaciones. Eso es especialmente doloroso en esta generación, porque está muy en boga la creencia de que no debemos dejar que nadie nos atropelle.

Cuando buscamos primero el reino de Dios y su justicia la prioridad mas importante en la oración, todas las demás oraciones serán contestadas con un "Sí". Eso se debe a que ahora estamos sintonizados con Dios, y conocemos por experiencia lo que significa Romanos 8:38, 39: "Por lo tanto estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni angeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro."

 
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