Preparando Gente Santa para encontrarse con un Dios Santo
 

 

Ayuda en la Busqueda de la Santidad
por Richard O'Ffill

No es raro escuchar que alguien diga después de un sermón, “Vamos, el pastor hoy si tocó la llaga de alguien ¿verdad?” Afortunadamente, casi siempre lo dicen con una sonrisa. Pero la verdad es que no sabe lo que hay detrás de esa sonrisa. ¡A veces me pregunto si esa persona no estará haciendo planes para comprarse unos zapatos con protección de acero en la punta!

Las Escrituras nos dicen que el tiempo vendrá cuando la gente no podrá soportar el sonido de la doctrina. En su lugar, ellos sufrirán de una condición patológica llamada “comezón en los oídos.”

Cada vez escucho más seguido a la gente decir que la iglesia no debería predicar la doctrina, sino predicar el evangelio.

Sospecho que la razón por la que mucha gente quiere alejarse de las doctrinas es porque no quieren que se les enseñe cómo aplicar el evangelio a su vida diaria. Ellos son el tipo de religiosos que dicen yo lo hago a mi manera. El problema de hacerlo a su manera, es que muy fácilmente puede convertirlo en un legalista a su manera. Un legalista a su manera dirá: “¡Si Dios quiere que yo haga tal cosa, El me lo va a decir!” o “Eso quizás sea malo para usted si usted cree que es malo.”

En mis años jóvenes, yo trabajé repellando o alisando paredes. Aún estaba en la fase del aprendizaje cuando uno de los más experimentados me dijo que yo estaba haciendo una de las aplicaciones equivocadamente y él me enseñó la forma correcta de hacerlo. A lo cual yo le dije “¡Oye tú me estás diciendo que lo haga de cierta manera, pero tú no lo estás haciendo de esa forma!”

Y él respondió, “Tú aprende cómo se debe hacer correctamente y después tú lo haces como quieras.”

Uno de los pecados de nuestra era es que no solo estamos haciendo las cosas equivocadas, sino que no queremos oír cómo deben hacerse. Se ha dado cuenta que nosotros nos sentamos quietos en la universidad y dejamos que los profesores nos digan, casi dogmáticamente cómo debiéramos aplicar nuestras tareas y profesiones, pero cuando se trata de asuntos de fe y moral, muchos piensan que cada quien debiera ser capaz de crear sus propias reglas para la vida.

La frase que llama la atención en los grupos que estudian la Biblia es: “¿Qué cree usted que significa ese versículo?”, como si lo que esa persona piensa de ese versículo es lo que realmente debiera significar.

Así como las leyes de física se deben aprender, también la Palabra de Dios debe ser aprendida. Y la Biblia siempre debiera ser estudiada con la mentalidad de obedecer lo que ella dice. Siempre que tratemos de evitar o tratar de racionalizar el pensamiento claro “¡Así lo dijo El Señor”, sencillamente nos dirigimos a SERIOS PROBLEMAS!

Un problema es que todos tenemos lugares espirituales ocultos. Obviamente una persona no puede ver por esos lugares ocultos. Ustedes saben a lo que me refiero con los lugares ocultos. Yo tengo en el retrovisor de mi auto un espejito auxiliar. Sin él yo no podría ver el auto que está más cerca al mío. De la misma manera, muchas veces tenemos pecados serios u omisiones que están en nuestro lugar espiritual oculto. Pero si nosotros lo permitiéramos, la Biblia sería ese espejito especial. Si lo permitiéramos, la Palabra de Dios detectaría y quitaría cada pecado y debilidad que pudiéramos tener.

Hebreos 4:12 nos asegura: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Este estudio se titula “La Búsqueda de la Santidad.” Las Escrituras dicen que Dios es Santo y el nos pide que también seamos Santos. Es más, Dios nos dice que a menos que permitamos que El nos haga santos, no seremos capaces de verlo. Recuerda el texto en Hebreos 12:14, “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Hace algunos años atrás alguien acuñó la expresión que es fácil ser salvado y difícil ser perdido. De acuerdo con Dios esto es cierto. Dios es muy reacio a darse por vencido con nosotros. Pero desde la perspectiva de donde nosotros estamos, yo tengo problemas con la expresión que Jesús mismo dijo que iba a ser más fácil pasar por el camino ancho hacia la destrucción que ir por el camino angosto que conduce a la vida eterna. En otro texto, inclusive dice que muchos son llamados pero pocos los escogidos.

También debemos ser cuidadosos con la expresión, “Sencillamente déjaselo” En la búsqueda de la Santidad, es más seguro decir: “Déjele a Dios y resista por su querida vida.” Muchos de nosotros no vemos los asuntos claramente, o solo estamos buscando las cosas en las Escrituras con las que estamos de acuerdo.

Esto nos lleva a otro punto importante. Debemos ser muy cuidadosos de que nuestras Biblias personales tengan 66 libros no solo uno o dos. Piensa claramente ahora. Toda Escritura es dada por inspiración de Dios, no sólo el libro a los Romanos o Gálatas. Incluso el apóstol San Pedro dijo: “Sean cuidadosos cuando lean los escritos de Pablo.” Si usted no tiene la imagen completa de ---todos los 66 libros— se podría confundir. SI usted insiste en especializarse en una parte de la Biblia en particular, usted no estará bien si se especializa en el evangelio de acuerdo a Jesús. Hay mucha gente que es experta en Romanos y Apocalipsis. Pero que bueno sería si más de nosotros fuéramos expertos en Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

Sí, me gustaría que fuera fácil la lucha contra la carne y el mal. A veces pienso, “¡Ah si tan solo hubiera un botón en algún lado que borrara al diablo y borrara nuestra inclinación al pecado!” Pero, piense ahora. ¿Qué pasaría si de pronto toda prueba y tentación desapareciera? Si en un momento fuéramos intrínsicamente sin pecado, ¿es posible que no sintamos la necesidad de Dios?

La fría y cruda realidad es que tenemos la tendencia a tomar en serio al Señor cuando los tiempos son duros. Pero cuando las cosas marchan sobre ruedas, a veces nos olvidamos de orar. Así que por ahora, por lo menos, la batalla que debemos pelear contra el pecado es por nuestro propio bien. Por lo tanto no nos desanimemos o rindamos. Dios ha prometido que no seremos tentados y probados más de lo que podamos soportar.

Uno de nuestros problemas es que, a veces lo que consideramos pruebas y tribulaciones no son “el blanco” como decimos. Podemos orar para que Dios nos dé un nuevo trabajo o que El nos cure o a un ser querido de alguna enfermedad. Es fácil orar a Dios por ayuda material o física. Pero, cuando nuestro matrimonio se ha roto por orgullo, egoísmo, amargura o codicia, no vamos a orar. Quizás hasta ya hemos dejado de orar.

Pero si no oramos por nuestro orgullo, autosuficiencia, codicia, amargura y por falta de dominio propio en nuestras vidas y solo de nuestros asuntos materiales o físicos, definitivamente estamos especializándonos en menudencias. No me mal entiendan. Las pruebas materiales y físicas definitivamente nos pueden conducir a cosas importantes en nuestras vidas si dejamos que abran nuestros ojos a lo que realmente importa.

Una cosa sí es segura y siempre debemos estar atentos. Por nuestra propia naturaleza, siempre estamos bajo la influencia de un poder superior. ¿Hay alguien entre nosotros aquí que no está sujeto a la fuerza de gravedad o la influencia del sol? Cuando Dios creó los animales, El los puso bajo el dominio o poder del hombre. Pero el hombre fue creado para estar bajo el dominio de Dios mismo. Cuando Adán y Eva pecaron, ellos realmente estaban tratando de quitarse del dominio de su Creador, y ellos lo lograron. El problema fue que cuando ellos lo lograron, inmediatamente cayeron bajo el dominio del diablo.

Por eso es que Romanos 6 dice que éramos esclavos del pecado. Ahora bien, yo sé que hay gente que se consideran ser independientes o neutrales en la gran batalla entre Dios y el diablo. A ellos les gusta pensar que son una “tercera fuerza.”

Desafortunadamente, no hay 3 equipos en este juego, solo hay dos. Y aún más desafortunadamente, no hay espectadores en este planeta—cada uno es un jugador. Así que estamos bajo el dominio de Cristo o bajo el dominio del diablo. Esto es lo que la Biblia quiere decir cuando menciona que o somos esclavos del pecado o de la justicia.

La palabra esclavo no es muy favorita en estos días. ¿Pero, qué significa ser esclavo de la justificación? Una persona que es esclavo de la justificación es una en la que el Espíritu Santo esta realmente transformando sus actitudes y perspectivas. La esencia del ser interno se esta volviendo a crear. Este proceso se convierte en un cambio total en la forma de cómo vivimos y en las cosas que hacemos.

Puesto de otra forma, cuando una persona que es un esclavo del pecado comete pecado, él o ella lo disfruta. Pero cuando una persona que es esclavo de la justificación y comete pecado, esa persona lo detesta. Cuando éramos lo que la Biblia llama “esclavos del pecado,” realmente buscamos cómo hacer el mal y salirnos con la nuestra tanto como podamos.

Ahora bien, mientras nos sometemos al trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas, empezamos a sentir hambre y sed de justicia; y más y más empezamos a odiar cualquier cosa que nos está consistente con la vida Santa.

Como nuestro compromiso con Cristo continúa profundizándose, y SU maravilloso trabajo de transformación sigue, puede ser que aun seamos tentados a hacer el mal, pero la atracción y el querer acariciar esa tentación que antes nos dominaba se rompe ahora. En lugar de decirnos a nosotros mismos “Ah, como quisiera hacer esto o aquello,“ ahora tenemos una tendencia en aumento a, como dicen ellos, “sin interés” por el pecado.

A veces tengo algunas tentaciones para hacer lo malo. Pero, qué gozo es cuando algo dentro de mí me dice, “¡De ninguna manera!” Para un esclavo de la justificación la tentación a hacer lo malo cada vez es más y más ofensivo. Empezamos a reconocerlo como un insulto a todo lo que Jesús esta haciendo en nuestras vidas.

Pero debemos recordar que todo este proceso no es una operación que uno mismo puede hacer. El proceso por el cual un Dios santo está desarrollando gente santa es un milagro de SU gracia. Es un proceso que de verdad experimentamos. No es una transacción en papel. Estamos bien seguros que Dios esta trabajando en nosotros, ambos a voluntad y para su gloria y gozo.

Somos una generación que está recibiendo el sello del Dios Vivo. Estamos de verdad experimentando el gozo de estar tranquilos en la verdad de tal suerte que nada nos mueve de allí.

Pero esto no es un trabajo que hacemos por nosotros mismo. Nosotros no nos creamos a nosotros mismos y no hay forma de que nos podamos volver a crear.

Tampoco olvidemos que no tuvimos parte cuando nacimos por primera vez, somos definitivamente jugadores en el segundo nacimiento. Y la forma en la que jugamos es en la sumisión. Esto tiene que ver con nuestra voluntad. Para ponerlo en palabras sencillas, debemos permitirle a El que nos salve de nuestros pecados.

Pero, parece que cada vez que comenzamos a hablar acerca de este asunto, alguien enciende el botón de “salvación por obras” y la misión de una vida victoriosa y santa en Cristo de repente es abortada.

No hace mucho tiempo yo estaba en una clase de la Escuela Sabática y el maestro comenzó a hablar acerca de la vida práctica Cristiana. Y en efecto, alguien levanto la mano y dijo, “Pero es que nosotros no somos salvados por obras, somos salvados por gracia.” No lo pude resistir. Levante la mano y dije, “El maestro no estaba hablando de cómo ser salvados, sino de que se trata la salvación.”

Lo dije antes y lo volveré a decir ahora, “¡Sigamos!” Ya nosotros sabemos como somos salvados. Somos salvados por gracia a través de la fe en Cristo. Ahora bien, asegurémonos de que sepamos qué es lo que pasa en una persona que ha sido salvada. Porque si no lo tenemos claro, podríamos, sin saberlo, que la salvación no esté sucediendo en nuestras vidas.

El desafió es que permitamos que el Espíritu Santo nos de un corazón nuevo, un corazón nuevo de por allí del Medio Oriente, fuera de las paredes de Jerusalén, del Calvario, para ser exactos. El donante es Jesucristo. Y este corazón nuevo debe ser transplantado en usted y en mí. El profeta dice que nuestros corazones enfermos deben ser removidos e implantados corazones saludables.

Sí, es como una cirugía de transplante de corazón. Pero para hacer esta cirugía, el Señor no nos pone a dormir. Estamos totalmente despiertos y sin anestesia. Ni siquiera debemos mencionarlo pero este proceso a veces es doloroso. Pero debemos resistir la tentación de salir corriendo de la mesa del cirujano. Para que sea un éxito debemos hacer dos cosas: 1) debemos estar comprometidos a lo que Jesús quiere hacer en nuestra vidas, y 2) nos debemos someter al proceso. Las buenas nuevas es que EL ha prometido que todo el proceso no será mas fuerte de lo que podamos soportar. A través de ello, El nos dará fuerzas para que podamos soportarlo.

Una persona que no tiene pulso o que el corazón no le late, no respira, está muerto o pronto lo va a estar. A esto le llamamos signos vitales. Ellos son los signos de vida. Y hay ciertos signos vitales que indican ya sea que una persona está viva espiritualmente o no.

Desafortunadamente, no todos estamos de acuerdo cuáles son los signos vitales. Uno de los signos vitales de un cristiano que ha nacido de nuevo es que tendrá el Espíritu Santo en su vida.

¿Alguna vez alguien le ha preguntado si Ud. tiene el Espíritu Santo? En estos días hay un número que está creciendo de cristianos que creen que los signos vitales de tener el Espíritu Santo es que la persona pueda hablar en lenguas, realizar milagros, caer hacia atrás mientras los brazos de los ujieres lo sostienen o reírse a carcajadas. Esta gente esta convencida que esto es tener al Espíritu Santo. Inclusive hay varios de nosotros aquí que estamos aun un poco perplejos de estas cosas.

El apóstol Pablo es perfectamente claro al decir que el fruto del Espíritu es más importante que cualquiera de los dones del Espíritu y que incluye el hablar en lenguas. Recuerde lo que dice en 1 de Corintios 13, que el mayor de todos es el Amor. El amor es en una palabra que resume el fruto del Espíritu.

Una persona puede sobrevivir espiritualmente sin nada sobresaliente en particular o un don espiritual espectacular. ¡Pero ninguno puede sobrevivir sin el fruto del Espíritu! El fruto del Espíritu es un signo vital de la vida espiritual. Es mas, el propósito completo del plan de salvación es producir el fruto del Espíritu en el creyente.

El Espíritu Santo es lo que hace mover la vida del cristiano. El Espíritu Santo es nuestra ayuda en la búsqueda de la santidad. No debemos permitir la confusión en nosotros tratando de entender la función del Espíritu Santo. Muchos que creen tener el Espíritu Santo, llegan a extremos ridículos de ponerle al Espíritu Santo un nombre equivocado. ¡Debemos oponernos a esto!

Cuando entendemos lo que significa ser salvado, no nos iremos por la calle sin salida en nuestro deseo de tener al Espíritu Santo que obre en nuestras vidas. Ser salvo es un proceso que la mismas Escrituras enseñan qué realmente es nacer de nuevo. ¡Esto significa que tenemos una nueva vida, una vida santa!

Jesús nos dijo que no esperáramos entender como es que esto sucede. El sencillamente dijo que sabríamos cuando sucediera. Jesús lo comparó con el viento. En otras palabras, nosotros no hacemos nada para que suceda; el Espíritu Santo nos cambia fundamentalmente y permanentemente. En lugar de lo que la Biblia llama “las obras de la carne,” el Espíritu Santo trae a nuestras vidas el verdadero amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Esos son los frutos del Espíritu Santo, no carcajadas o cayendo de espaldas en el suelo o hablando en lenguas.

Hay muchos programas en estos días que tratan de ayudar a la gente a conocer sus dones espirituales. Ellos me dicen inclusive que han descubierto que alguna gente tiene el don de mantener la grama de la iglesia bien recortada. No quiero que se malentienda, pero una persona no tiene que nacer de nuevo para mantener la grama de la iglesia bien bonita, o incluso invitar a alguien a comer. Así que no nos vayamos mas allá tratando de cobrar nuestros dones espirituales. La verdad es que es posible conseguir dones espirituales en el mercado negro o fabricarlos sin licencia.

Tal vez todo es asunto de poner las primeras cosas en el primer lugar. Yo creo que debiéramos concentrarnos en recibir el fruto del Espíritu, en lugar de los dones del Espíritu. El mismo Satán tiene un número de lo que podríamos llamar dones del Espíritu, pero no tiene ningún componente que es el verdadero fruto del Espíritu.

Nosotros nos distraemos tan fácilmente, que el diablo se aprovecha de eso. No sólo nos confundimos sobre el fruto y los dones, que hay pruebas que nos dirán que tipo de personalidad tenemos. La verdad que hemos estado en este asunto de la personalidad ya por varios años. En los primeros años el énfasis estaba en el desarrollo del carácter. Ahora es acerca de desarrollar la personalidad. Una persona puede decir, “¡Bien, usted sabe que yo soy colérico, y usted sabe como somos los coléricos verdad! Esto puede ser no sólo un disfraz y una excusa para el mal comportamiento, puede ser una forma de amenaza—“¡No se meta con nosotros los coléricos. Sencillamente acéptenos tal y como somos!

Yo creo que la búsqueda de la santidad no es sencillamente una carrera para descubrir nuestro tipo de personalidad o incluso un estudio para descubrir nuestros dones espirituales. ¡Es mucho más que eso! Tiene que ver con ser cambiado. No tiene que ver con institucionalizar lo que soy sino una vida entera de tratar de alcanzar lo que Dios quiere que yo sea.

Obviamente tenemos diferentes tipos de personalidades. Los discípulos tenían diferentes tipos de personalidad. Pero no he leído en ningún lugar que nosotros vamos a tomar un tipo de personalidad al cielo. Definitivamente vamos a mantener nuestra individualidad. Seremos conocidos. La única cosa que llevaremos al cielo, si es que lo leo correcto, es nuestro carácter.

Nosotros nos debiéramos estar preguntando: “¿En dónde estoy en relación al fruto del Espíritu que es, amor, benignidad, bondad, paciencia, dominio propio y todo el resto?” Tenemos que aprender a poner las primeras cosas en el primer lugar; tenemos que poner el énfasis en la sílaba correcta. Una persona que tiene salvación, una persona que ciertamente está salvada, es una persona en búsqueda de la santidad.

Romanos 8:1-4 nos dice cuáles son los signos vitales de una persona que ha sido salvada: “Pero ahora ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús; [los que no andan según la carne, sino según el Espíritu] Mediante Cristo Jesús, la Ley del Espíritu que da vida, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne; Dios, al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la carne; para que el requisito de la Ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”

Porque somos justificados por Jesús, ahora pertenecemos a El. Debemos orar persistentemente que el Espíritu Santo trabajará su nueva creación en nuestras vidas. Es un proceso. Las cosas viejas pasaron ya y son hechas nuevas. Si tenemos las mismas actitudes e intereses que siempre teníamos, si somos dirigidos por el orgullo y la autosuficiencia, el enojo, el amor al mundo, etc., no tenemos el Espíritu Santo trabajando en nosotros. No hemos pasado de muerte a vida. Debiéramos caer de rodillas. No es demasiado tarde. Ahora es el día de salvación, ahora está nuestra salvación más cerca de cuando creímos por primera vez.

¿Qué podemos esperar cuanto tenemos al Espíritu Santo trabajando con nosotros? ¿Significa que estaremos saltando, aplaudiendo, carcajeándonos o cayendo desmayados?

¡Yo pienso que no! El Espíritu Santo nos convence de pecado. Por lo tanto nuestra sensibilidad a pecar, se aumentará, la tristeza por nuestra pecaminosidad se aumentará. No estaremos diciendo “Es porque soy humano,” o “Creo que es porque así soy yo,” o “Yo creo que tendremos que esperar hasta que Jesús venga por mi para que pare de abusar de mi esposa e hijos.”

Una devoción de pena es la que conduce al arrepentimiento (2 Corintios 7:10). Una persona que siente pena de verdad no permanece haciendo la misma cosa o viviendo el mismo estilo de vida. El Espíritu Santo se mantiene evitando que suceda eso. Nosotros tomamos un baño regularmente, y así mismo debemos permitir que Dios constantemente nos lave. No trate de lavarse por usted mismo.

“Purifícame con hisopo y seré limpio, lávame y mas blanco que la nieve seré” (Salmos 51:7)

Este es el trabajo de Dios. “Porque Dios es el que obra en vosotros, tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).

Una vida santa no es una vida color de rosa. Puede ser una vida de agonía o de búsqueda de esperanza. Pero también es una vida de gozo, seguridad y victoria.

El Espíritu Santo nos da un deseo de santidad por justificación. Pregúntese lo siguiente “¿Qué es lo mas importante en mi vida ahora mismo?” “¿Qué es lo que más quiero para mi vida?” Aquellos que viven en el Espíritu quieren obedecer a Dios más que a cualquier cosa, hacer su voluntad en todos los aspectos de sus vidas. Ya sea comiendo o bebiendo o haciendo cualquier otra cosa, cada aspecto de su vida será para la honra y gloria de Dios, para complacerle y glorificarle.

Hemos tratado de descubrir nuestros dones del Espíritu, quizás hasta conocemos nuestro tipo de personalidad. Ahora oremos por los frutos del Espíritu para que, a su manera milagrosa, more en cada corazón aquí presente.

 
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